¿ES EL POETA UN PEQUEÑO DIOS, UN HÉROE CAÍDO EN DESGRACIA?

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28 octubre, 2016 por Fauno

El mundo (a través de esa fuerza sensorial que intuimos mas aún no conocemos), guarda dentro de sí  todas las imágenes de la memoria antigua.

Todo lo visible o invisible al ojo, acumula en su interior cuanto ha ocurrido desde el inicio, guardado en sus entrañas.

Todo hecho o cosa físicos y/o psíquicos, ha sido guardado en el interior del Libro de las Eras para, una vez aprendamos a descifrado, pueda hacerse visible y accesible a futuras generaciones.

El poeta, a través de su extrema sensibilidad, lo muestra en parte a través de la poesía, erigiéndose en pintor, simulador o imitador de toda realidad, visible, tangible y a veces invisible.

Él, el poeta, es el pintor intemporal del mundo antiguo (o pintor de antigüedades), al tiempo que buscador o analizador del interior de la materia aparentemente inerte. Él la penetra, indagando a través del Ser sensible, y la muestra al exterior a través de la alta poesía.

Se decía y se dice, desde el siglo XVIII, que el poeta es un imitador de la Naturaleza. Esto dio paso a una falsa interpretación (desde mi opinión personal) que aún persiste.

Es decir, que donde se supone que se quiso decir que el poeta va de la mano de la Naturaleza en sus creaciones, creando desde su ‘naturaleza interior’ o interpretando lo ya creado a través de su extrema sensibilidad, se ha pasado —desvirtuando la interpretación inicial—, a decir que el poeta es un imitador tanto de la Naturaleza como de las cosas. 

De ahí surgió la derivación de “fingidor” y otras expresiones fuera de lugar que pretendidos grandes profetas dejaron como huella de su paso a falta de otras más interesantes.

El poeta jamás finge ni imita sino interpreta, crea, o traduce sobre lo que ve o siente o sueña, mostrando todo aquello que el ojo común no ve en el exterior de las cosas.

Al igual que la Naturaleza, el poeta es capaz de ‘mover’ todo cuanto existe en la naturaleza de las cosas, no sólo físicas sino incluso, a veces, psíquicas.

El poeta, si accede a una altura psíquica e interpretativa suficiente, es un pequeño e incomprendido dios, quizá menor, pero dios al cabo. El poeta, si lo es… ¡crea!

2016-agv

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